La prédica y la práctica por @lmesculpi

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Habían quedado atrás los tiempos  luminosos de la república civil. En su ocaso la corrupción, el abuso de poder, la devaluación de la moneda y la ineficiencia de las últimas gestiones eran rechazadas por importantes sectores de la sociedad. El desprestigio del bipartidismo era muy significativo. Algunos exigían la aplicación de “mano fuerte” y subestimaban los logros del período democrático y  sus realizaciones en materia de educación, salud e infraestructura.

Las sociedades que alcanzan un cierto nivel de avances y progresos, se plantean nuevas exigencias, surge una especie de ” revalorización  de las expectativas”, el propósito de superación es propio de la naturaleza humana, no sólo del individuo, también del colectivo social.

En las postrimerías de ese período los escándalos de corrupción eran la diaria comidilla, las gravísimas denuncias del Régimen de Cambio Diferencial (RECADI) de importaciones  no efectuadas o realizadas por empresas de maletín usando el dólar preferencial,  ocupó durante meses los principales titulares de la prensa nacional.

Las compras militares, el uso abusivo de los escoltas y las “famosas colitas” de PDVSA constituyeron denuncias permanentes de la oposición política. Ya era preocupante el aumento de la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos.

Todo ello fue creando un “caldo de cultivo” para la sustitución del régimen que gobernaba. Las fuerzas opositoras, personalidades , “notables” y algunos poderes fácticos contribuyeron a exacerbar el clima existente.  En ese trayecto la oposición democrática no estuvo exenta de errores, muy por el contrario los cometió y no de poca monta. Personalmente reconozco haber participado en varios de ellos.

Las fuerzas democráticas que se proyectaban como alternativas, al menos parte importante de ellas, aspiraban el cambio para superar el estancamiento y propiciar una sociedad más justa y que profundizará la democracia, en ningún caso para retroceder en las conquistas obtenidas durante cuarenta años.

En ese clima se producen los dos golpes de estado, la pasada semana se cumplió casi un lustro del segundo de ellos. Ya el expresidente Chávez se había convertido en una relevante figura -gracias a omisiones y fallos del gobierno- en su breve y famoso discurso del “por ahora”.

El resto es historia conocida , el régimen implantado en estos dieciocho años, ha profundizado agudamente los males que ya vivíamos, sin poseer las indudables virtudes de la república civil. El discurso y la prédica que condujo al gobierno a la actual camarilla se contradice abismalmente con su práctica. Los hechos de corrupción del pasado constituyen “delitos menores” frente a la actual,  CADIVI supera en años luz a RECADI, los delitos denunciados en PDVSA no son precisamente de unas “colitas”, el viernes negro fue una nimiedad frente a las devaluaciones de este tiempo.

Si se revisan todas las promesas electorales y las realizaciones de estos periodos, sin el menos esfuerzo se podrá comprobar la inmensa distancia existente entre la teoría y la praxis, entre la palabra y los hechos.

Los escoltas hoy detienen el tránsito arbitrariamente, para dar paso no sólo a la caravana presidencial, sino también a lujosas camionetas donde se transportan funcionarios de diversas categorías.

En zonas de Caracas como El Paraíso, Santa Monica, Valle Abajo, El Recreo – entre otras; se pueden observar, módulos de la Guardia Nacional que no tienen como función principal el de atenderla seguridad ciudadana, sino la protección de familiares de altos personajes del gobierno que aún habitan en esas parroquias. Así rutinariamente podemos cotejar  en cualquier área de acción gubernamental, lo falaz de su predica con la práctica cotidiana.