La cosecha de maíz blanco para las arepas alcanza solo hasta enero

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 REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

La cosecha de maíz nacional cayó este año al nivel más bajo en décadas y alcanzará, en el mejor de los casos, solo hasta enero de 2017. A partir de entonces, las empresas productoras de harina precocida dependerán enteramente de que el gobierno importe suficiente materia prima para cubrir las necesidades de la población.

Esta situación se hizo evidente durante las deliberaciones de la primera reunión de la comisión especial de la Asamblea Nacional para el estudio de la crisis alimentaria, a la que asistieron representantes de los productores de maíz, sindicatos, representantes de la industria procesadora y diputados de la bancada opositora. Ningún diputado del oficialismo participó en la reunión.

“En lo que va de año, la producción de maíz blanco es de apenas 497.228 toneladas”, explico Tony Pestana, presidente del gremio de productores agrícolas, Fedeagro. La cifra se queda muy por debajo de los 1,6 millones de toneladas que requiere la industria nacional de la harina preocida de maíz, “es decir, con la cosecha nacional sólo cubrimos el 33% de la demanda nacional.”

Recientemente, Polar anunció que reanudaría la producción de harina, después de 10 días de paralización total por falta de maíz. El gobierno se comprometió a suministrarle a la empresa 30.000 toneladas del cereal, pero este volumen alcanza apenas para producir durante dos semanas, según informo la empresa.

“El problema de fondo es que no hay maíz”, señaló Manuel Felipe Larrazábal, director de Alimentos Polar, uno de los convocados por la comisión especial de la Asamblea. “Y esto ocurre por la negativa del gobierno a permitir que tanto los productores como la agroindustria cuenten con un esquema de precios viable”.

Pestana detalló en su exposición cómo la congelación del precio del maíz blanco originó que este año se sembrara un número de hectáreas 9,12% inferior al del año 2015, mientras los controles de precios sobre la cosecha y la harina están destruyendo el circuito del maíz blanco.

En contraste, la producción de maíz amarillo, que se vende a mayor precio, aumentó exponencialmente, pero la industria no puede adquirir este insumo, porque tendría que pagar por la materia prima un precio más alto que el del producto terminado. La harina precocida de maíz continúa congelada a Bs 190.

Solución en mesa

Manuel Felipe Larrazábal insistió en que la única forma de resolver esta cadena de distorsiones es garantizar, tanto a productores como a industriales, un esquema flexible de precios que permita que la producción sea viable. “Tenemos una propuesta que está sobre la mesa, en la que estamos de acuerdo los productores, la agroindustria y los trabajadores”, aseguró.

Según este acuerdo, Polar está dispuesta a pagarle a los productores Bs 243 por kilo de maíz, en lugar de los Bs 96 por kilo que el gobierno pretende mantener por vía de regulación. Así, la producción nacional continuaría y los productores tendrían el estímulo necesario para incrementar la cosecha del próximo ciclo.

Para hacer viable este acuerdo, el precio de la harina precocida de maíz al nivel del consumidor solo debe subir a Bs 770 por kilo. “Este es un precio muy inferior, al que venden los bachaqueros. Y no solo eso, sino que es 90% más barato que el de las harinas que vende el gobierno por fuera de la regulación, hasta a Bs 3.700 por kilo, en los establecimientos del llamado Programa Abastecimiento Complementario”, apuntó Larrazábal.