Diego Scharifker Venezuela se dirige a una colisión inevitable

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El gobierno de Nicolás Maduro y la revolución como proyecto político viven una profunda crisis, aunque insistan en hacer creer que no es así. Ni él, ni este disfraz de proyecto político son capaces de entender y mucho menos de comprender la envergadura de esa crisis. Por el contrario, intentan acentuar el radicalismo de sus acciones sobre la base de su experiencia, lamentablemente para ellos y para el país, esa visión está absolutamente desfasada y no se encuadra con el escenario actual que vive Venezuela.

La revolución no fue diseñada para actuar desde la ausencia de poder, me refiero al poder que da el favor popular. En su ADN no encontramos la posibilidad de lidiar con el rechazo, el cuestionamiento y mucho menos con la derrota electoral. Es por este motivo que vemos a Nicolás bailando salsa, a Jorge Rodríguez programando faraónicos festines y a Diosdado blandiendo su mazo de papel maché, todos ufanándose como si aún conservaran el favor de la mayoría.

La falta de dirección política, la perdida de rumbo y la cada vez más evidente presencia de divisiones en ese monumental desastre llamado revolución, tienen al país a la deriva, perdiendo talento, tiempo y recursos infinitamente valiosos. No solo acabaron con el aparato productivo con la intención de imponer un modelo más “justo”, hoy hay escasez de justicia en todos los escenarios, especialmente en el económico. El hambre parece haber llegado para instalarse, por lo menos mientras estos incapaces lo permitan.

Bailar salsa, celebrar el cumpleaños con orquestas y mucha caña y querer montar tinglados musicales multimillonarios, es un lujo que no puede darse el país, mucho menos la revolución. Ya dejé de contar las conversaciones con amigos afectos al chavismo en las que me expresan sin miramientos, su decepción, vergüenza y angustia por el errático accionar del alto gobierno.

Nicolás y sus acólitos deben tener presente que ese distanciamiento de la realidad que viven los venezolanos, más temprano que tarde les pasará factura, con toda seguridad será por un monto que ni siquiera con todo el dinero mal habido podrán pagar.

Los venezolanos hemos agotado nuestra paciencia, el país sigue peligrosamente en piloto automático, el piloto y el copiloto están dormidos, soñando y evadiendo. El país se acerca sin saberlo (o sabiéndolo) a una colisión inevitable.

Diego Scharifker
Concejal de Chacao
@DiegoScharifker