Aguinaldos, ¿para qué alcanzan?

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Desde que estaba muy niño aprendí el valor que para los venezolanos representa la Navidad. Siempre fue una época especial. Eran tiempos de felicidad, unión y que permitían que las familias realizaran actividades que eran planificadas premeditadamente para cada diciembre.

Parte fundamental de la Navidad son las tradicionales utilidades, que la filosofía popular ha preferido llamar aguinaldos para unirlos aún más a las tradicionales fiestas decembrinas. Ese dinero era la justa bonificación por un año de trabajo y era invertido en la compra de ropa para toda la familia, la reparación y pintura del hogar, los juguetes para el Niño Jesús de los más pequeños y para la celebración del 24 y 31 de diciembre.

Incluso hasta muchas familias planificaban su viaje con el fin de visitar a familiares y amigos.

¿Hoy para qué sirve?

Para nada de lo anterior alcanza, porque gracias a la deprimente gestión del modelo socialista encabezado por Nicolás Maduro apenas sirve para completar a medias la alimentación diaria y quizás para pagar algunas deudas. Ese dinero se lo comió la inflación que derrotó al régimen. Unos precios que tienen de rodillas al pueblo.

Hoy por primera vez en la historia todo el país recibe las Navidades en medio de la peor crisis jamás conocida. Una crisis creada por un modelo que siempre buscó el empobrecimiento general. Un modelo que intenta acabar con los sueños y planes de los venezolanos. Un modelo que quiere un país de mendigos.

Un país donde la mayoría no podrá comprarse un estreno. Un país en el cual ya no se compran juguetes para los niños. Un país donde las familias no podrán pintar su casa. Un país repleto de hogares que no tendrán una cena de Navidad, ni de fin de año.

Esa es la Navidad del gobierno. Una época llena de dificultades y mucha tristeza. Un tiempo que en vez de paz y celebración, será de carencias y dolor. Maduro y su gestión acabaron con todo lo que para los venezolanos representaba la Navidad. Intentan sembrar la miseria y la desesperanza.

Pero no son tiempos de resignación. A pesar de las dificultades y los errores siguen siendo tiempos de cambio. Hoy el gobierno acabó con la Navidad. Pero con la fuerza de un pueblo unido, acabaremos con su aspiración de perpetuarse en el poder. El cambio va porque es el deseo de la mayoría.