NYT la precaria condición de los pacientes psiquiátricos en Venezuela

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(Caracas, Venezuela. Sumarium).- Las voces que atormentan a Accel Simeone siguen volviéndose más intensas.

Según una nota que publica The New York Times, las últimas reservas de medicamentos antipsicóticos del país se están desapareciendo y Simeone lleva semanas sin tomar el fármaco que controla su esquizofrenia.

La realidad se desintegra con cada día que transcurre. Los sonidos en su cabeza poco a poco se van convirtiendo en personas con nombres. Aumentan en número, hacinando el pequeño hogar que comparte con su familia, gritando obscenidades en sus orejas.

Ahora las voces exigen que mate a su hermano.

“Yo no quería hacerlo”, recuerda Accel Simeone de 25 años.

Él tomó un esmeril del estacionamiento familiar y lo encendió.

Pero luego, para salvar a su hermano, se atacó a si mismo, rebanando su propio brazo hasta que su padre corrió hacia él y le quitó el esmeril de sus manos ensangrentadas.

El colapso económico de Venezuela ya ha diezmado su sistema de salud, dejando hospitales sin antibióticos, cirujanos sin guantes y pacientes muriendo en las mesas de las salas de emergencias.

Ahora, médicos expertos aseguran que miles de pacientes de salud mental -muchos de los cuales habían estado viviendo relativamente normal bajo medicación- están a la deriva en la desesperación y la psicosis porque el país se ha quedado sin la gran mayoría de los medicamentos psiquiátricos, dejando a familiares y doctores impotentes para ayudarlos.

ALTA MÉDICA OBLIGADA

De acuerdo con los médicos, las instituciones mentales han dado de alta a miles de pacientes porque ya no pueden tratarlos. Los pacientes que siguen siendo atendidos por ahora, sufren en instalaciones que se desmoronan y que apenas pueden alimentarlos. Doctores y enfermeras temen los violentos ataques de algunos pacientes y aseguran que no les queda otra opción que amarrarlos a sillas, encerrarlos o quitarles toda la ropa para prevenir suicidios.

En la ciudad de Barquisimeto, las imágenes del Hospital Psiquiátrico El Pampero parecen extraídas de una pesadilla.

La escasez de alimentos ha dejado a un hombre mayor esquizofrénico como un esqueleto viviente en un campo de concentración. Un hombre epiléptico privado de medicamentos cayó en convulsiones repetidas, mientras que otro paciente que no recibe tratamiento reposa amarrado a una cama y atado de los tobillos. Una mujer mayor sin fármacos para controlar su esquizofrenia se arrastra por el piso, mientras que más allá, un paciente hambriento se come una fruta que había caído en una cloaca abierta.

Mario Simeone y su esposa Evelin en su hogar en Maracay, en compañía de sus hijos Accel y Gerardo, quienes sufren de esquizofrenia. Crédito: NYT

Pero la mayoría de los pacientes del país se encuentran en las manos de sus familiares como los Simeone. Los miembros familiares deben decidir entre ir a trabajar y cuidar a sus seres queridos. Es una vida dedicada a la búsqueda de medicinas atípicas, desesperados por evitar que sus parientes se hagan daño a sí mismos u otros.

“Cuando escuché que él podía hacerle daño a su hermano, eso me desgarró”, dice Evelin de Simone, la madre de Accel, mientras relata el día de junio en el que su hijo agarró el esmeril.

NACIONALIZACIONES Y CAÍDA DE LOS PRECIOS DEL CRUDO

Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras en el mundo, llegó a producir la mayoría de sus medicinas farmacéuticas en una oportunidad. Al principio de los años 2000, el presidente de turno, Hugo Chávez, comenzó la nacionalización de los fabricantes de medicamentos de Venezuela, en un esfuerzo para producir medicamentos más baratos.

Cuando los precios del petróleo colapsaron el gobierno comenzó a quedarse sin divisas, lo que impidió importar materias primas para las fábricas estatales que suministraban medicamentos a los hospitales venezolanos. De igual manera, muchas compañías extranjeras dejaron de enviar fármacos al país por las grandes deudas que mantiene el gobierno.

La consecuencia: Cerca del 85% de las medicinas psiquiátricas no están disponibles en Venezuela.

“Las cosas más elementales no se encuentran”, dijo el ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, Robert Lespinasse.

Para algunos, la escasez de medicinas les ha traído tragedia. El pasado 30 de junio, Yolanda Sayano, una mujer de 63 años quien sufría de una severa depresión, llegó hasta el noveno piso de un edificio en la ciudad de San Cristóbal y trepó la cornisa. En sus últimos momentos la señora Sayado mira hacia abajo, se inclina hacia adelante y con sus brazos abiertos se lanza hacia su muerte.

Ella había pasado meses sin encontrar antidepresivos, reveló su hijo, Jesús Guillén, quien trabaja para la compañía eléctrica estatal. Ella entró en una recaída depresiva que la empujó hacia el suicidio.

“Ella siempre decía que era imposible encontrar medicinas aquí”, dijo Guillén.

Las instituciones mentales venezolanas también han reducido drásticamente el número de pacientes que trataban hace pocos años. En 2013, habían 23.630 pacientes psiquiátricos en hospitales públicos, pero solo 5.558 para el 2015, según los reportes del Ministerio para la Salud.

Públicamente, el gobierno venezolano niega que los hospitales estén sufriendo y se ha negado a aceptar múltiples ofertas internacionales de ayuda humanitaria.

Pero por medio de la invitación de doctores, periodistas del New York Times visitaron seis hospitales psiquiátricos en todo el país y en todos denunciaron no solo escasez de medicinas, sino de alimentos.